Desde
que Londres, en 1908, y en particular Estocolmo
en 1912, confirmaran el espléndido
punto de partida del olimpismo que habían
supuesto los Juegos de 1896 en Atenas, la
Primera Guerra Mundial abrió un parentesis
que parecía amenazar la continuidad
de los JJ.OO.
Sin embargo, el entusiasmo, la pusilanimidad
y la convicción de Pierre Coubertin
hizo posible, moviendo cielo y tierra, que
la gran cita cuatrienial de los Juegos reemprendiera
inmediantamente su camino tan pronto como
enmudecieron las armas. Los Juegos Olímpicos
celebraban en Francia su XXX aniversario.
Paris aceptaba el gran reto de organizar
los segundos juegos en menos de veinticinco
años. Fueron los primeros que se conocieron
con el nombre de "Juegos Olímpicos
de Verano".
Pese a que la organización estuvo
lejos de ser modélica, los Juegos
de París fueron un rotundo éxito
en lo deportivo. Marcaron el récord
de participación hasta el momento;
un total de 3.092 participantes procedentes
de 44 naciones diferentes (aunque Alemania
y la URSS seguían estando vetados).
La participación femenina también
marcó un hito al alcanzar la cifra
historica de 136 representantes. Más
de mil periodistas acudieron para informar
al mundo de la cita olímpica. Se construyó el
magnifico estadio de Colombes con capacidad
para 60.000 personas y, por primera vez,
se habilitó una Villa Olímpica
como residencia de los participantes.
Se llevaron a cabo un total de 137 pruebas
de 18 deportes diferentes (se suprimen los
deportes de invierno que, a partir de este
momento, contaban con su propia cita). La
competición se desarrollo entre el
4 de mayo y el 27 de julio.
Entre los participantes se encontraban varios
campeones legandarios que hicieron de esta
cita un auténtico espectáculo
deportivo. Nuevamente volvió a brillar
el finlandés Nurmi que se convirtió,
el mismo día, en campeón olímpìco
de los 1.500 m (3'53''6) y de los 5.000 m
(14'28''2) en un intervalo de sólo
dos horas. También se proclamó vencedor
de los 3.000 m por equipos (8'32'') y de
cross-country (32'54''8). Otra figura legendaria,
a la que sólo el genio de su compatriota
Nurmi pudo eclipsar, fue Wille Ritola (un
carpintero de 34 años) que se impuso
en los 10.000 m (Nurmi no tomó la
salida) y los 3.000 m obstáculos.
Johnny Weismuller
Peter John Weismuller:
un héroe olímpico
Fue la auténtica sensación
de los Juegos. Este norteamericano de 21
años, había sido un niño
poliomelítico que tuvo que luchar
mucho para poder nadar a los 13 años.
Un atleta fuerte, robusto y sacrificado que
se formó nadando en las aguas del
lago Michigan. Para poder entrenar se vió obligado
a conseguir un trabajo como botones en el
Illinois Athletic Club. Posteriormente se
convirtió en el "Tarzán" cinematográfico
y rodó más de 32 peliculas.
Entre sus logros está proclamarse
tres veces campeón olímpico
en 100 m (59''), 400 m (5'04''2) y 4 x 100
m.
España entró a formar parte
del COI por primera vez en 1924, a pesar
de haber participado ya de forma oficial
en los Juegos de Amberes. Lo hizo a través
de Santiago Güel que permaneció desde
1922 hasta 1955. La actuación de España
fue, en términos generales, floja.
La comitiva estaba integrada por 82 deportistas
de las que sólo 2 eran mujeres (Rosa
Torres y Lili Álvarez en tenis). No
se logró ninguna medalla. La mejor
actuación de los nuestros fue el cuarto
puesto conseguido por el equipo de polo que
logró vencer a Francia por 15-1. En
waterpolo, España logró llegar
a cuartos de final pero fue derrotada ampliamente
por Suecia (0-9). Otras buenas actuaciones
se dieron en boxeo; el jóven Virtia
Barrera de 16 años llegó a
octavos de final del peso mosca, tenis femenino;
Lili Álvarez llegó a cuartos
de final y vela. La nota más decepcionante
de la participación española
la dió el equipo de fútbol.
El conjunto en el que destacaban nombres
como Zamora, Samitier, Piera, Peña
o Aguirrezabala, fue eliminado en el primer
encuentro tras caer ante Italia por 1-0.
El oro finalmente fue para Uruguay que llegó a
congregar a más de 40.000 personas
en la final.
Los Juegos de Paris fueron los últimos
de Pierre de Coubertin como Presidente del
COI. El francés de 62 años,
que llevaba más de 24 años
en la presidencia, se retiraba habiendo cumplido
se gran sueño; dejar asentados e instaurados
los Juegos Olímpicos. Su sucesor en
el cargo fue el conde de Baillet-Latour,
que tomó posesión el 1 de septiembre
de 1925 a los 49 años. Tras ser reelegido
en 1933 continuó en la presidencia
hasta su muerte en 1942. |