Luego
de tres intentos fallidos por montar los
Juegos Olímpicos, finalmente Amsterdam lo
logra en 1928, donde los Alemanes hacen su
primera aparición en los 16 años de las Olimpíadas.
Amargamente, el fundador de los juegos estuvo
ausente por primera vez desde 1908 debido
a una enfermedad.
Las mujeres compitieron por primera vez
en campo y pista en contra de las objeciones
de Coubertin, pero solo se les permitió competir
en cinco eventos.
os juegos de la ciudad holandesa fueron
una revolución en muchos aspectos.
En primer luego, fueron los primeros sin
el barón de Coubertin como máximo
responsible olímpico.
El dirigente
francés había dejado su cargo
tres años antes y el relevo lo había
tomado otro aristócrata, el belga
Henri de Baillet-Latour, pero que tenía
un talante mucho más abierto. De entrada,
en Amsterdam’28 las mujeres –en
total fueron 290- comenzaron a tener un papel
mucho más relevante. Así, además
de los clásicos tenis, natación
y esgrima, las féminas pudieron participar
también en gimnastia y atletismo.
Esta decisión recibió no pocas
críticas, entre ellas la del papa
Pío XI, que calificó de inhumana
la carrera de 800 metros que se incluyó en
el programa femenino.
De hecho, varias atletas
llegaron muy tocadas a la meta y no volvería
a aparecer en unos Juegos hasta un cuarto
de siglo después. La gimnasia también
resultó un pequeño fiasco y
tardó 28 años en reaparecer
en el programa olímpico. Sin embago,
sería una mujer, la reina Guillermina
de Holanda, la que a punto estuvo de ser
un fracaso. La máxima mandataria ‘oranje’ casi
dejó a los Juegos sin subvenciones.
Pero el público local se volcó y
el nivel de las pruebas fue muy elevado.
Sin duda contribuyó a todo este éxito
el regreso a los Juegos de Alemania, tras
el paréntesis de la guerra. Los germanos
compitieron con una escuadra de 223 elementos.
Austria también participó en
Amsterdam’28 y Japón lo hizo
por primera vez en unos Juegos. Los nipones
lograron su primera medalla de oro, también
la primera de Asia, gracias a Mikio Oda,
vencedor del triple salto.
En aquellas fechas,
el jefe de la delegación estadounidense,
y presidente del Comité Olímpico
de los EE.UU., fue Douglas McArthur, que
alcanzaría la fama como general en
la segunda guerra mundial. Los atletas de
McArthur, pese al triunfo en el medallero,
no dieron la talla en las carreras individuales
sobre el tartán. Los americanos sólo
vencieron en una de éstas pruebas,
la de 400 metros a cargo de Raymond Barbuti. |